20 de noviembre de 2021

Impresiones con Gynoug; el surrealismo shumpero ataca de nuevo

Tras haber disfrutado hace unas semanas del estupendo Gleylancer, Ratalaika y Shinyuden contraatacan con otra de esas joyitas de la parte alta de la tabla del catálogo de Mega Drive que pueda que no sea suficientemente reconocida. Presentamos Gynoug, de los eclécticos Masaya, una nueva piedra en el largo camino que les sepraría hasta el culmen del surrealismo de los matamarcianos: Cho Aniki.

 

Publicado en 1991 en los tres mercados principales de la 16 bit de SEGA (en Estados Unidos se conoció como Wings of Wor), Gynoug es uno de esos matamarcianos que no suele salir en las quinielas de los favoritos por sistema o género de casi ningún aficionado a los videojuegos y, sin embargo, no deja de ser un título muy notable que muestra músculo como pocos en el primer tercio de vida del legendario 68000, y que aporta algunas ideas y los mimbres de lo que se conocería al poco como bullet hell.

Los jefes son bastante impresionantes

 

Controlando a un hombre alado, tendremos que derrotar a hordas de enemigos que traan de destruir la vida de nuestro planeta. Para contrarrestarlo, contaremos con la potencia de nuestro disparo múltiple, la velocidad de vuelo y un sistema armamentístico interesante con cierta carga estratégica. Y es que, a medida que vayamos recogiendo unos orbes de colores (azules y rojos), podremos aumentar el rango del arma que portemos, y subir el daño que hace a los enemigos, algo más aparente cuando nos enfrentemos a los jefes.

Hobby Consolas, en junio del 92, analizó el juego

 

A su vez, también podremos recoger otros orbes de colores (azul, rojo y amarillo), que cambiaran la forma de disparar de nuestra arma, teniendo una de ellas la apacidad de disparar hacia atrás. Más interesante quizás son los hechizos que también recogemos en forma de pergamino con letras escritas sobre ellos, y que nos proporcionarán diferentes habilidades de uso temporal, como un escudo, rayos más potentes o la capacidad de destruir las balas de nuestros enemigos.


 

Todo ello se mezcla con una jugabilidad y unos controles rápidos y precisos (a no ser que os volváis locos subiendo la velocidad de vuestro personaje, que entonces la cosa se pone chunga), mientras discurren los diferentes niveles repletos de efectos especiales, scrolles imposibles, deformaciones y oleadas y oleadas de enemigos que buscan acabar con nosotros. A pesar de contar con diferentes niveles de dificultad, incluso en fácil Gynoug nos obligará a estar atentos y a rejugar las diferentes fases (como mandan los cánones), sobre todo apartir del tercer nivel.

Esto empieza a ser inquietante...

Quizás, más allá de su jugabilidad y mecánicas de disparos y puntuación, la fuerza de Gynoug reside en un diseño artístico que sobrepasa el surrealismo y mezcla diseños orgánicos con otros de pesadilla, steampunk o, simplemente, muy originales. Lo más curioso es que no chirría nada en pantalla, todo tiene su lógica dentro de este universo tan extraño y a veces hasta algo horripilante, que no deja de ser obra de grafistas y productores que luego crearon la mentada saga Cho Ainiki, posiblemente el tope gama de estas idas de cabeza en juegos comerciales para la época. Hombres gusano, cabezas dimensionales, barcos calavera, gaviotas que tiran bombas... son solo algunos ejemplos de lo que nos espera al deambular por este tan extraño como atractivo universo, que llegó incluso a sortear de algún modo la censura en SEGA con ciertos enemigos y jefes de formas fálicas.

El cuarto nivel tiene un ambiente muy a lo steampunk

Conocí Gynoug en la época, allá por el 92, en casa de mi amigo Agustín, y lo cierto es que ya en aquel momento fue una experiencia sensorial extraña pero muy original. No había visto nada así, ni siquiera en el mundo de los ordenadores, donde la libertad creativa solía ser mayor. La banda sonora, que hacía relucir convenientemente a los dos chips sonoros de la Mega Drive (también usa el PSG de la Master System), lo explotaba como pocos juegos del momento, gracias a un ritmo trepidante y un estilo entre medieval y marchoso con originales cambios como ocurre en el tercer nivel, cuando una melodía de órgano nos da la bienvenida a lo Castlevania.

A nuestro héroe le espera una difícil aventura...
 

En aquel entonces conseguir alcanzar el último nivel del juego se podía considerar una pequeña gran proeza, pero allí estábamos, discurriendo por el extrño penúltimo nivel a través de lo que parece ser un enorme útero alienígena lleno de momentos de locura y un efecto de distorsión en los fondos de los que quitan el hipo. Lo cierto es que técnicamente es un juego que ralla un gran nivel, rápido, sin ralentizaciones, con muchos sprites en pantalla y patrones de balas algo locos que nos podrían recordar a lo que luego se instauraría como bullet hell en el género de los matamarcianos. 

El último nivel es el habitual carrusel de anteriores enemigos

 

Quizás todo el conjunto se vería lastrado por un diseño de niveles dudoso, demasiado largos y con pocos momentos para la sorpresa si exceptuamos los efectos gráficos que se suceden de vez en cuando. Casi todo el desarrollo se sustenta en el enfrentamiento contra las oleadas de enemigos y los jefes de mitad y fin de fase, una maravilla del pixelart, sea dicho de paso. El último nivel es realmente un combate contra jefes que ya habíamos derrotado anteriormente sobre una bonita composición de scroll parallalx en las nubes y un descafeinado jefe fin de fase que rompe un poco con el climax de lo que llevábamos jugando hasta ese momento.

Los diseños son bastate espectaculares

 

En cuanto a las opciones de la emulación, siguen el mismo patrón que en Gleylancer, con posibilidad de incorporar un bonito efecto CRT personalizable hasta cierto punto, guardar partida, activar trucos, etc. Echamos de menos haber incorporado alguna opción más que influyeran en la jugabilidad o los controles, como ocurrió con el anterior juego, pero afortunadamente se trata de una emulación sólida, con algunas dudas en los efectos de sonido, pero competente en general. Con todo, Gynoug es un notable representante de los matamarcianos de 16 bit. Quizás algo denostado por su extraño planteamiento y diseño artístico, volverlo a traer a máquinas actuales (PlayStation y Switch) siempre es buena idea. No dejéis tenerle el ojo echado, no os arrepentiréis.

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