19 de septiembre de 2018

Impresiones con The Messenger; ¿un homenaje 2D en toda regla?

Sentido del humor, buen hacer y mezcla de géneros pixelados





The Messenger llegó casi de repente haciendo bastante ruido en la escena independiente de videojuegos. Disponible para Switch y ordenadores, tanto Sabotage, el estudio detrás del juego, como Devolver Digital, la editora, apelaron muy fuerte a la nostalgia de los jugones y a la promesa de que esa mezcla entre niveles plataformeros y de exploración con gráficos 8 y 16 bits iban a causar sensación. Y sí, nos ha sorprendido durante nuestras primeras horas de juego, aunque también podría haber sido una experiencia mucho más redonda...



Qué los gráficos pixelados están más de moda que nunca no es ningún secreto. Desarrolladores y estudios indies van de la mano con algunos escarceos de las compañías tradicionales en este revival de amor al píxel que no termina de abandonarnos (¿es que alguna vez se fue?). Si bien todavía hay mucho camino por recorrer, y son pocos los que realmente saben usar el pixelart con soltura, la verdad es que esta es la primera vez que nos encontramos con un producto que trata de aunar lo mejor del típico pixelado 8 bits con el de 16.

Los primeros compases parecen tranquilos, pero nada más lejos de la realidad

Mucho se critican a los juegos que apelan simplemente a la nostalgia y presentan un aspecto pixelado descuidado o absurdo. Cuestiones de diseño aparte, es fácil comprobar cuando algo está realizado con gusto y conocimiento (léase, Maldita Castilla, Shovel Knight o el futuro Kraut Busters, por poner ejemplos con diferentes estilos dentro del pixelart). Por eso, acatar una tarea compleja como la de crear un juego con pixelado estilo 16 bits (Mega Drive, Supernes), no es tan sencillo como algunos quisieran, y si bien ya sabemos que títulos como Blazing Chrome o Bushiden superarán seguro con nota, The Messenger también ha hecho sus deberes, aunque en lo jugable quizás podría haber estado un poco más pulido, sobre todo cuando toca meterse a explorar de nuevo los niveles en la segunda parte del juego.

Algunos jefes costará cogerles el tranquillo y sus patrones de movimientos


Tradicional hasta en la historia
Nos pondremos en la piel de una especie de ninja mensajero. Un tipo que debe llevar un pergamino que supondrá la supervivencia de su clan y, por ende, de la propia humanidad. No hacen falta las florituras narrativas ni las historias con giros demasiado inesperados obra de magníficos escritores. En Sabotage lo saben y lo suplen con una pequeña contextualización que sirve como trasfondo histórico, y el buen humor y el sarcasmo que aquí allá se intercalan en los pequeños diálogos que nuestro prota intercambiará con algunos personajes, el dueño de la tienda y el diablillo que nos acompaña, en mayor medida. Algunos de los chascarrillos solo lo entenderán los más viejunos del lugar, pero parte del encanto de este universo pixelado reside precisamente en saber contactar con todo tipo de público, incluso aquellos que peinan más que canas. Las frases y las situaciones son muy divertidas y, en ocasiones, identificables con los jugadores, como cuando el diablillo se pregunta si estamos acabando con nuestra vida una y otra vez queriendo simplemente para leer más de sus ocurrentes frases.

Con el tendero pasaremos un buen rato y además podremos mejorar ostensiblemente
nuestro equipamiento a cambio de las 'monedas' del juego


Sea como fuere, el diseño del juego se sustenta en una primera parte inspirada en Ninja Gaiden y sucedáneos de acción de hace ya casi tres décadas. El juego de Tecmo puede valer como fuente inspiradora para el planteamiento ninja, los enemigos y el uso de espadas o shurikens, pero todo se queda en eso. Además de superar momentos plataformeros, ni las mecánicas ni el desarrollo son los de la clásica saga. En The Messenger tendremos más libertad de movimientos e incluso algunos totalmente contemporáneos, como el bautizado como 'salto nube', que nos permite alcanzar lugares más altos aparentemente inaccesibles. El diseño de los niveles y la alta dificultad de la que hacen gala, contrastan con su longitud, quizás algo excesiva, y la cantidad de checkpoints dispuestos para que podamos continuar cerca de donde morimos por última vez, un recurso más cercano a  los videojuegos actuales que a los de antaño.


El salto nube es más fácil de ejecutar de lo que parece


En cualquier caso, estas primeras horas resultan ser bastante divertidas. The Messenger se puede llegar a sentir como un juego de 8 bits, sí, pero en realidad pronto la sensación pasará y reconoceremos el toque moderno y las mecánicas más actuales. ¿Es eso malo? En nuestra opinión, en absoluto, y lo cierto es que es un juego que engancha y provoca que queramos seguir adelante, a pesar de que se desinfla un pelín, por extraño que parezca, a partir del momento en que entra en juego la segunda parte de la aventura, donde tendremos que explorar los mismos mundos con nuevos caminos que se nos abren, localizando objetos y disfrutando de unos gráficos tipo 16 bits.



Es en este momento cuando The Messenger pierde parte de su lucidez, con un desarrollo más aburrido que nos obligará a volver sobre nuestros pasos sin suficientes recompensas para el jugador. El objetivo era ambicioso, sin duda; y fusionar estos géneros no es sencillo. Quizás con algo más de tiempo, sangre fresca o un replanteamiento más minucioso de esta parte, podríamos haber llegar a un título sobresaliente de todas, todas.

El modo gráfico tipo 16 bits es una delicia...


Técnicamente ya estáis viendo los pantallazos: gráficos pixelados correctos, animaciones algo parcas imitando los sistemas a los que hace alusión y un diseño de enemigos algo dispar. Mientras que algunos están realmente bien realizados y son inspiradores, otros son algo más desangelados y anodinos, como esos demonios que escupen bolas de fuego que no terminan de funcionar muy bien en pantalla. Cuando la pantalla cambia al 'modo 16 bits' todo se presenta con una paleta de colores más amplia (obvio) y unos escenarios y sprites más ricos y definidos. Un esfuerzo a tener en cuenta que brillará en nuestras pupilas. La banda sonora también es trepidante (¡a veces hasta demasiado!), apelando, una vez más, a los sistemas tipo chiptune de hace unas décadas.

... lástima que el cambio de ritmo no le venga del todo bien al juego


The Messenger es un gran juego, pero no por su estilo y sus gráficos. Destaca  por la diversión y la acción sin parar a lo que nos somete durante la partida. Es cierto que preferimos esa primera parte más orientada a las plataformas y los espadazos a diestro y siniestro antes que la segunda, con una exploración algo más anodina, a pesar de la mejora gráfica que supone el estilo 16 bits. Su alta dificultad (aparente), el sonido y el sentido del humor inherente, terminan por redondear un título notable que nos mantendrá ocupados durante horas. Bastante recomendable.

Encontraréis más info en la web oficial

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