23 de febrero de 2018

Impresiones con 'Owlboy'; la maravillosa aventura pixelada, ahora en Switch

Con casi 10 años a sus espaldas, Owlboy, el juego del estudio noruego D-Pad, siempre estuvo en el punto de mira de RetroManiac. Dotado de unos gráficos pixelados impresionantes, gracias a la premisa de unas mecánicas jugables inspiradas en grandes clásicos y el cariño con que se estaba realizando se intuía que Owlboy podría destacar sobre la marabunta de títulos que se publican cada año. ¿Pero, serían suficientes las buenas intenciones y un apartado visual atractivo? El juego llega ahora a Switch y hemos tenido la oportunidad de jugarlo a fondo. ¿Nos acompañas?



Casi una década de trabajo prácticamente centrados en un solo juego. Es algo que se dice pronto. «¿Y si sale mal?, ¿y si no vende suficiente? ¿Todo el trabajo del equipo a la basura?». Son preguntas muy válidas que seguramente los noruegos se hicieron varias veces durante el laaaaargo desarrollo de Owlboy. Aquel viejo sueño de Simon Stafsnes que empezó a gestarse en 2007 inspirado en los juegos de Nintendo, concretamente en Super Mario Bros. 3, cierra el círculo precisamente con su lanzamiento en Switch, la consola de Nintendo, gracias al trabajo en la conversión de los españoles Blitworks con los que hemos tenido ocasión de hablar y cuya entrevista publicaremos en unos días.

En esta 'villa' en el cielo empieza la aventura


Stafsnes se rodeó de un talentoso grupo formado por Jo-Remi MadsenHenrik Stafsnes (hermano de Simon) en tareas de programación, Adrian Bauer en apoyo al diseño de los niveles y Jonathan Geer encargado de la música. Un pequeño equipo confinado en crear un juego con gráficos pixelados en 2D que aprovechasen las altas resoluciones de los monitores y televisores abandonando el estilo del píxel cuadradote que impera en la escena independiente. Nada fácil.

Otus irá creciendo a medida que avancemos en la aventura


El búho despreciado
Owlboy puede definirse como una aventura con toques plataformeros y puzles. En esencia nos recuerda a una sucesión de mazmorras típicas de la serie Zelda abandonando la perspectiva superior. Es curioso como el juego de los noruegos abraza una mecánica tan antigua y la mezcla con las mecánicas propias de llevar a un personaje con la capacidad de volar. Funciona, y muy bien. Ya desde el principio notaremos que Otus, nuestro prota, además de mudo, es tratado como un paria en su lugar de origen. Su maestro le desprecia y el resto de habitantes de la pequeña villa en el cielo le consuelan animándole a seguir intentándolo. Timorato, miedoso y algo torpe, es posible que nuestro pequeño búho tenga algo de su diseñador, ya que es sabido que Stafsnes sufrió de algunos episodios de depresión durante el desarrollo del juego, y siempre se ha presentado a los eventos con cierta candidez y humildad que solo aquellos que dejan de lado la vanidad y el ego muestran de forma natural.

Los niveles tienen mucho de descifrar puzles, eliminar enemigos y acabar
con los eventuales jefes finales


Nuestro búho vuela, como no podría ser de otra forma, pero también es capaz de agarrar objetos, recoger comida con sus patas, abrir cofres y otra serie de acciones. Es precisamente en el manejo de Otus y sus posibilidades donde recae la mayor parte del peso jugable de Owlboy. Al estilo Metroid (por poner un nombre que conocemos), otros personajes se irán uniendo a Otus proporcionándole así sus propias habilidades: disparar, pegar un trabucazo, encender faroles... No queremos destripar demasiado, baste con saber que abriremos nuevos caminos y posibilidades una vez obtengamos estos 'poderes'. Otus además tiene un par de movimientos en vuelo que le serán útiles en determinadas ocasiones, como es un acelerón y una especie de carga. También puede aumentar su energía y obtener mejoras en una especie de tienda a cambio de las monedas que encuentre escondidas en cofres o las que se obtienen al pasar por una especie de círculos diseminados por los escenarios.

El cementerio es uno de los pasajes más bonitos del juego


El primer nivel servirá como entrenamiento y una especie de tutorial para aprender los movimientos y las características específicas del control. Algo encorsetado, tiene toda la pinta de haber sido diseñado el primero, pues no deja de ser una sucesión de puzles y enfrentamientos contra enemigos sin que podamos salirnos de nuestro camino. Ello se intercala además con constantes diálogos entre los personajes, algo sobre lo que volveremos un poco después, ya que bajo nuestro punto de vista es uno de los pocos puntos negativos del juego. Una vez superados estos primeros compases, la historia se irá desvelando poco a poco explicando el ataque y origen de los piratas, nuestra misión y el pasado de los búhos. Ciertamente bien integrada en el juego, es un elemento imprescindible para conocer nuestras motivaciones y el del resto de personajes que nos rodean, pero hubiéramos preferido que los diálogos no cortasen tanto la acción.

El jefe de los piratas Molstrom; el más malo de los malos

A partir de aquí el juego se vuelve algo más abierto, y aunque siempre tenemos una misión y un objetivo más o menos claros, tendremos la sensación (inocua) de que gozaremos de mayor libertad. En realidad, a pesar de lo que pueda parecer, Owlboy es bastante directo (lo cual ni es bueno ni malo) pero no penséis que se trata de un juego de exploración a la vieja usanza; sus mecánicas siguen a pies juntillas la resolución de algunos puzles para poder continuar, el uso de objetos, la habilidad con el mando y vuestra propia supervivencia, asegurada por una gran cantidad de checkpoints, y fruta diseminada por los escenarios con la que recuperaros de vuestras heridas.

Gracias a la adquisición de nuevas habilidades, podremos abrirnos camino
a través de esas zarzas


Una gozada para los ojos
Es difícil desligar Owlboy de sus gráficos. Pixelados y barrocos hasta decir basta, el trabajo de diseño y gráficos es excelente, uno de los mejores ejemplos de hasta donde puede llevarse el arte del píxel. Animaciones y escenarios frondosos se mezclan con cuevas lúgubres, efectos de luces y sombras y algunas neblinas a lo ghost layering de Super Nintendo. Quizás en algunos momentos algunos elementos se muestran sobretrabajados en exceso, y en otros no acabamos de ver bien integrados fondos y primeros planos (son escasas las ocasiones en que esto ocurre), pero podríamos asegurar que es uno de los mejores trabajos en videojuegos que hemos visto nunca, sobre todo teniendo en cuenta que todo funciona con fluidez gracias a la cantidad de frames con los que cuentan los personajes.

Un ejemplo del exquisito trabajo gráfico


Hablando de ellos, muchos gozan de animaciones específicas para determinados momentos, como cuando Otus muestra su cara de asombro levantando las cejas y mostrando sus ojos como platos, o cuando se envuelve en sus alas apesadumbrado tras un evento y visita el cementerio del pueblo. Son detalles que dan fe del mimo y cuidado con que se han tratado unos personajes con los que será fácil identificarnos. Sobresaliente.

Habrá que darle un poco al coco para superar determinados enfrentamientos

No muy por detrás se queda la banda sonora, que lejos de lo que podréis pensar no es de tipo chiptune (aunque algunos pasajes nos recuerdan a este estilo), sino que Geer apuesta por una composición más orquestal y cuidada, con arreglos, diferentes instrumentos y adecuada a la situación que vivimos. Particularmente nos ha encantado la parte cuando visitamos unas galerías oscuras repletas de bichos voladores: muy original, rítmica y divertida. El único punto negativo es que, al menos en Switch, el sonido es bastante bajo, e incluso subiendo el volumen y ajustando las opciones, todo queda un pelín solapado, y es una pena, porque las melodías son grandiosas.

En conclusión
Owlboy es un juego a la vieja usanza que comparte algunos toques con los título más contemporáneos. Además de lo evidente por sus gráficos, toma prestado elementos de diseño y mecánicas que seguro que os recuerdan a Zelda, aunque también a Mario o a otros juegos gracias a determinadas escenas de acción que se intercalan aquí y allá. Los enfrentamientos contra los bosses son imaginativos y nos obligarán a pensar en una estrategia, mientras que la falsa sensación de libertad no nos agobiará más allá de nuestros prejuicios. La adquisición de nuevas habilidades a medida que avanzamos, los movimientos de Otus y sus posibilidades de combate están muy bien integradas y responde todo a la perfección en el mando.

Algunos cambios de luz durante la partida son igualmente espectaculares

En nuestra opinión hubiéramos deseado menos parones en la aventura con tanto diálogo esparcido (necesario para el devenir de la historia, eso sí), puede que algunos gráficos tengan tanto detalle que parezcan fuera de lugar, o que un mapa no nos hubiera venido nada mal en determinadas fases, pero en conjunto Owlboy es tremendo. Quizás no sea muy largo, y que una vez terminado no invite a descubrir mucho más (siempre lo podremos retomar más adelante), incluso que su dificultad no sea alta debido a la cantidad de checkpoints con los que contaremos; pero si os gustan las aventuras de acción, las historias con algo de trasfondo, los giros de trama y, en fin, las cosas bien hechas, entonces tiraos de cabeza por este juego infinitamente delicioso, divertido y adictivo. Por cierto, la traducción al español es genial, giros y expresiones incluidas. ¡De diez!

Owlboy es encantador y divertido


Más info sobre Owlboy en su web oficial

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